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Encuadernado en rústica
Formato: 14 x 22 páginas
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NÁUFRAGOS DE ANTAÑO La realidad histórica de los naufragios en la Costa de la Muerte en
el siglo XIX. Este libro relata los naufragios más destacados desde 1835 a 1897 entre la isla de Sálvora y el puerto de la Coruña: una zona de intenso tráfico marítimo –ruta del imperio británico en su momento de máxima expansión– de difícil navegación, con numerosos arrecifes semisumergidos, nieblas, corrientes, numerosas galernas y pobreza de señalización sólo remediada a finales del siglo XIX. Náufragos de antaño rezuma admiración hacia la mar, los barcos y los navegantes. Si los libros tuvieran sabor, éste tendría un gusto a salitre, si olor, éste desprendería un aroma a algas, brea y madera, pues este libro, a pesar de su rigurosa fidelidad a hechos y personas reales, o quizá gracias a esta misma fidelidad, es un libro extrañamente poético. Hay en él épica, lírica y algo de humor. El resultado de esta mezcla es el de que el lector tenga el privilegio de descubrir por primera vez la crónica detallada de dramas náuticos ocurridos en la temible costa gallega que habían sido olvidados o que se conocían sólo esquemáticamente y cubiertos de una costra de leyendas. Juan Campos Calvo-Sotelo nació en Cuntis (Pontevedra) el 29 de enero de 1948. Su infancia y juventud transcurrieron en Madrid, intercaladas pro largos veranos en los que pudo navegar por las rías gallegas. Tras abandonar la carrera de Ingeniería estudió Filosofía en Madrid, Psicología en Dublín y Psicoterapia en Londres. Aparte del Madrid de su juventud ha residido en Dublín, Normandía, Londres, Pontevedra y, actualmente, en Santiago. Ha trabajado como profesor de idiomas, intérprete, chofer, educador infantil y, desde los años ochenta, psicoterapeuta independiente. Casado con Helen McCormack, tiene una hija, Karen, nacida en Dublín. Ha escrito artículos sobre temas diversos y polémicos en periódicos y revistas españolas y británicas. Su pasión profesional estriba en promover la atención respetuosa a los sentimientos de la infancia. Su pasión lúdica es el ajedrez. En cuanto a su afición a la mar, comparte con el almirante Nelson una excesiva propensión al mareo que le hace preferir ejercerla desde tierra, o a través de la Historia y a la Literatura, y sólo muy de tarde en tarde a bordo de algún velero.
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